Dios, protector nuestro, mira el rostro de tu Ungido. Un solo día en tu casa es más valioso, que mil días en cualquier otra parte.
Amén.
La gracia y la paz de parte de Dios, nuestro Padre, y de Jesucristo, el Señor, estén con todos ustedes.
Y con tu espíritu.
Con humildad y confianza, reconozcamos nuestros pecados y pidamos perdón al Señor, que es rico en misericordia.
Dios todopoderoso tenga misericordia de nosotros, perdone nuestros pecados y nos lleve a la vida eterna.
Señor Dios, que has preparado bienes invisibles para los que te aman, infunde en nuestros corazones el anhelo de amarte, para que, amándote en todo y sobre todo,
consigamos tus promesas, que superan todo deseo. Por nuestro Señor Jesucristo Tu Hijo que vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo y es Dios por los siglos de los siglos.
El texto de Isaías que escucharemos hoy, anuncia a todos los extranjeros la inserción social dentro de la comunidad judía a condición de observar el sábado y comprometerse con la alianza. Esa sinceridad de corazón nos remite al texto del evangelio que escucharemos posteriormente.
Te alabamos, Señor.
En su carta a los Romanos, Pablo ve en el rechazo de Cristo por parte del pueblo judío una situación provisional, pues eso ha posibilitado la entrada de los gentiles. Pongamos atención.
Hermanos: Tengo algo que decirles a ustedes, los que no son judíos, y trato de desempeñar lo mejor posible este ministerio. Pero esto lo hago también para ver si provoco los celos de los de mi raza y logro salvar a algunos de ellos. Pues, si su rechazo ha sido reconciliación para el mundo, ¿qué no será su reintegración, sino resurrección de entre los muertos? Porque Dios no se arrepiente de sus dones ni de su elección.
Así como ustedes antes eran rebeldes contra Dios y ahora han alcanzado su misericordia con ocasión de la rebeldía de los judíos, en la misma forma, los judíos, que ahora son los rebeldes y que fueron la ocasión de que ustedes alcanzaran la misericordia de Dios, también ellos la alcanzarán. En efecto, Dios ha permitido que todos cayéramos en la rebeldía, para manifestarnos a todos su misericordia.
Palabra de Dios
Te alabamos, Señor.
MONICIÓN AL EVANGELIO
El pasaje del Evangelio de San Mateo, que hoy escucharemos, habla de una mujer pagana cuya fe es valorada por Jesús por encima de la fe de Israel. Dios no excluye a nadie de su plan de salvación universal. Escuchemos.
ACLAMACIÓN ANTES DEL EVANGELIO Mt 4, 23
Aleluya, Aleluya
Jesús predicaba la buena nueva del Reino y curaba a la gente de toda enfermedad.
Aleluya, Aleluya
EVANGELIO
El Señor esté con ustedes.
Y con tu espíritu.
Del santo Evangelio según san Mateo 15, 21-28
Gloria a ti, Señor.
En aquel tiempo, Jesús se retiró a la comarca de Tiro y Sidón. Entonces una mujer cananea le salió al encuentro y se puso a gritar: "Señor, hijo de David, ten compasión de mí. Mi hija está terriblemente atormentada por un demonio". Jesús no le contestó una sola palabra; pero los discípulos se acercaron y le rogaban: "Atiéndela, porque viene gritando detrás de nosotros". Él les contestó: "Yo no he sido enviado sino a las ovejas descarriadas de la casa de Israel".
Ella se acercó entonces a Jesús y, postrada ante él, le dijo: "¡Señor, ayúdame!" Él le respondió: "No está bien quitarles el pan a los hijos para echárselo a los perritos".
Pero ella replicó: "Es cierto, Señor; pero también los perritos se comen las migajas que caen de la mesa de sus amos". Entonces Jesús le respondió: "Mujer, ¡qué grande es tu fe! Que se cumpla lo que deseas". Y en aquel mismo instante quedó curada su hija.
Palabra del Señor.
Gloria a ti, Señor Jesús.
Tomen asiento
HOMILÍA
El grito de la mujer
Cuando en los años ochenta del siglo I Mateo escribe su evangelio, la Iglesia tiene planteada una grave cuestión: ¿qué han de hacer los seguidores de Jesús? ¿Encerrarse en el marco del pueblo judío o abrirse también a los paganos?
Jesús solo había actuado dentro de las fronteras de Israel. Eliminado rápidamente por el representante de Roma y los dirigentes del templo, no había podido hacer nada más. Sin embargo, rastreando en su vida, los discípulos recordaron dos cosas muy iluminadoras. Primero, Jesús era capaz de descubrir entre los paganos una fe más grande que entre sus propios seguidores. Segundo, Jesús no había reservado su compasión solo para los judíos. El Dios de la compasión es de todos.
La escena es conmovedora. Una mujer sale al encuentro de Jesús. No pertenece al pueblo elegido. Es pagana. Proviene del maldito pueblo de los cananeos, que tanto había luchado contra Israel. Es una mujer sola y sin nombre. Tal vez es madre soltera, viuda o ha sido abandonada por los suyos.
Mateo solo destaca su fe. Toda su vida se resume en un grito que expresa lo profundo de su desgracia. Viene detrás de los discípulos «gritando». No se detiene ante el silencio de Jesús ni ante el malestar de sus discípulos. La desgracia de su hija, poseída por «un demonio muy malo», se ha convertido en su propio dolor: «Señor, ten compasión de mí».
En un momento determinado, la mujer alcanza al grupo, detiene a Jesús, se postra ante él y de rodillas le dice: «Señor, socórreme». No acepta las explicaciones de Jesús, dedicado a su quehacer en Israel. No acepta la exclusión étnica, política, religiosa y de sexos en que se encuentran tantas mujeres, sufriendo soledad y marginación.
Es entonces cuando Jesús se manifiesta en toda su humildad y grandeza: «Mujer, ¡qué grande es tu fe!, que se cumpla lo que deseas». La mujer tiene razón. De nada sirven otras explicaciones. Lo primero es aliviar el sufrimiento. Su petición coincide con la voluntad de Dios.
¿Qué hacemos los cristianos de hoy ante los gritos de tantas mujeres solas, marginadas, maltratadas y olvidadas por la Iglesia? ¿Las dejamos de lado justificando nuestro abandono por exigencias de otros quehaceres? Jesús no lo hizo.
Nos ponemos de pie
CREDO NICENO - CONSTANTINOPOLITANO
Creo en un solo Dios,
Padre Todopoderoso,
Creador del cielo y de la tierra,
de todo lo visible y lo invisible.
Creo en un solo Señor, Jesucristo,
Hijo único de Dios,
nacido del Padre antes de todos los siglos:
Dios de Dios, Luz de Luz,
Dios verdadero de Dios verdadero,
engendrado, no creado,
de la misma naturaleza del Padre,
por quien todo fue hecho;
que por nosotros, los hombres,
y por nuestra salvación bajó del cielo,
y por obra del Espíritu Santo
se encarnó de María, la Virgen,
y se hizo hombre;
y por nuestra causa fue crucificado
en tiempos de Poncio Pilato;
padeció y fue sepultado,
y resucitó al tercer día,
según las Escrituras, y subió al cielo,
y está sentado a la derecha del Padre;
y de nuevo vendrá con gloria
para juzgar a vivos y muertos,
y su reino no tendrá fin.
Creo en el Espíritu Santo,
Señor y dador de vida,
que procede del Padre y del Hijo,
que con el Padre y el Hijo
recibe una misma adoración y gloria,
y que habló por los profetas.
Creo en la Iglesia, que es una,
santa, católica y apostólica.
Confieso que hay un solo Bautismo
para el perdón de los pecados.
Espero la resurrección de los muertos
y la vida del mundo futuro.
Amén.
Creo en Dios, Padre Todopoderoso,
Creador del cielo y de la tierra.
Creo en Jesucristo
su único Hijo Nuestro Señor,
que fue concebido por obra
y gracia del Espíritu Santo.
Nació de Santa María Virgen,
padeció bajo el poder de Poncio Pilato,
fue crucificado, muerto y sepultado,
descendió a los infiernos,
al tercer día resucitó de entre los muertos,
subió a los cielos y está sentado
a la derecha de Dios Padre, todopoderoso,
desde allí va a venir a juzgar a vivos y muertos.
Creo en el Espíritu Santo,
la Santa Iglesia católica
la comunión de los santos,
el perdón de los pecados,
la resurrección de la carne
y la vida eterna.
Amén
¿Creen ustedes en Dios, Padre todopoderoso, creador del cielo y de la tierra?
Sí, creo
¿Creen en Jesucristo, su Hijo único y Señor nuestro, que nació de la Virgen María, padeció y murió por nosotros, resucitó y está sentado a la derecha del Padre?
Sí, creo
¿Creen en el Espíritu Santo, en la santa Iglesia católica, en la comunión de los santos, en el perdón de los pecados, en la resurrección de los muertos y en la vida eterna?
Sí, creo
Esta es nuestra fe, esta es la fe de la Iglesia que nos gloriamos de profesar en Cristo nuestro Señor.
Amén
ORACIÓN UNIVERSAL
Confiados en el amor universal de Dios, que quiere la salvación de todos los hombres, elevemos nuestras súplicas diciendo:
Escúchanos, Señor.
Escúchanos, Señor.
• Por la Iglesia universal, para que sea signo visible del amor de Dios y anuncie el Evangelio sin excluir a nadie. Roguemos al Señor.
Escúchanos, Señor.
• Por el Papa, los obispos, los sacerdotes y los diáconos, para que fortalezcan la fe del Pueblo de Dios con su testimonio y servicio. Roguemos al Señor.
Escúchanos, Señor.
• Por los gobernantes y responsables de las naciones, para que promuevan la justicia, la paz y el respeto a la dignidad de toda persona. Roguemos al Señor.
Escúchanos, Señor.
• Por los migrantes, refugiados, extranjeros y quienes sufren discriminación, para que encuentren acogida, comprensión y esperanza. Roguemos al Señor.
Escúchanos, Señor.
• Por los enfermos, los pobres, los que viven momentos de dificultad y quienes han perdido la esperanza, para que experimenten la cercanía y el consuelo del Señor. Roguemos al Señor.
Escúchanos, Señor.
• Por nuestra comunidad parroquial, para que, siguiendo el ejemplo de la mujer cananea, crezca en una fe firme, humilde y perseverante. Roguemos al Señor.
Escúchanos, Señor.
• Por nuestros familiares y difuntos, para que Dios les conceda el descanso eterno y la plenitud de su Reino. Roguemos al Señor.
Escúchanos, Señor.
Padre bueno, escucha las oraciones que te presentamos con fe y concédenos cuanto sea para nuestro bien. Por Jesucristo nuestro Señor.
Amén.
ORACION POR LAS VOCACIONES
Oh, Jesús,
Pastor eterno de las almas,
dígnate mirar
con ojos de misericordia
a esta porción de tu grey amada.
Señor, gemimos en la orfandad,
danos vocaciones,
danos sacerdotes y religiosos santos.
Te lo pedimos por la Inmaculada
Virgen María de Guadalupe,
tu dulce y Santa Madre.
Oh Jesús, danos sacerdotes y religiosos
según tu corazón. Amén.
Pueden sentarse, ahora iniciamos la:
LITURGIA EUCARÍSTICA
MONICIÓN SOBRE LAS OFRENDAS
«Oh Dios, que te alaben los pueblos, que todos los pueblos te alaben», hemos proclamado con el salmista. Junto a las ofrendes de pan y vino, presentemos también nuestra alabanza y adoración.
CANTO DE OFRENDAS
Bendito seas, Señor, Dios del universo, por este pan, fruto de la tierra y del trabajo del hombre, que recibimos de tu generosidad y ahora te presentamos; él será para nosotros pan de vida.
Por el misterio de esta agua y este vino, haz que compartamos la divinidad de quien se ha dignado participar de nuestra humanidad.
Bendito seas, Señor, Dios del universo, por este vino, fruto de la vid y del trabajo del hombre, que recibimos de tu generosidad y ahora te presentamos; Él será para nosotros bebida de salvación.
Acepta, Señor, nuestro corazón contrito y nuestro espíritu humilde; que éste sea hoy nuestro sacrificio y que sea agradable en tu presencia, Señor, Dios nuestro.
Lava del todo mi delito. Señor, y limpia mi pecado.
De pie
Oren, hermanos, para que este sacrificio, mío y de ustedes, sea agradable a Dios, Padre todopoderoso.
El Señor reciba de tus manos este sacrificio, para alabanza y gloria de su nombre, para nuestro bien y el de toda su santa Iglesia.
ORACIÓN SOBRE LAS OFRENDAS
Recibe, Señor, nuestros dones, con los que se realiza tan glorioso intercambio, para que, al ofrecerte lo que tú nos diste, merezcamos recibirte a ti mismo.
Amén
El Señor esté con ustedes.
Y con tu espíritu.
Levantemos el corazón
Lo tenemos levantado hacia el Señor.
Demos gracias al Señor, nuestro Dios
Es justo y necesario
Prefacio I
EL MISTERIO PASCUAL NOS HACE PUEBLO DE DIOS
Realmente es justo y necesario, es nuestro deber y salvación darte gracias siempre y en todo lugar, Señor, Padre santo, Dios todopoderoso y eterno, por Cristo, Señor nuestro.
Él mismo, por su misterio pascual, realizó la obra maravillosa de llamarnos del pecado y de la muerte a la gloria de construir una raza elegida, un reino sacerdotal, una nación santa, un pueblo de su propiedad, para que, llevados de las tinieblas a la luz admirable, proclamemos ante el mundo tus maravillas.
Por eso, con los ángeles y arcángeles, y con todos los coros celestiales, cantamos sin cesar el himno de tu gloria:
Prefacio II
EL PLAN DIVINO DE LA SALVACIÓN
En verdad es justo y necesario, es nuestro deber y salvación darte gracias siempre y en todo lugar, Señor, Padre santo, Dios todopoderoso y eterno, por Cristo, Señor nuestro.
Él mismo se compadeció del pecado de los hombres y quiso nacer de la Virgen; murió en la cruz para librarnos de la muerte y resucitó del sepulcro para darnos la Vida eterna.
Por eso, con los ángeles y arcángeles, y con todos los coros celestiales, cantamos sin cesar el himno de tu gloria:
Prefacio III
EL HOMBRE SALVADO POR EL HOMBRE
En verdad es justo y necesario, es nuestro deber y salvación darte gracias siempre y en todo lugar, Señor, Padre santo, Dios todopoderoso y eterno.
Porque reconocemos como obra de tu poder admirable haber socorrido nuestra débil naturaleza con la fuerza de tu divinidad, y haber provisto el remedio en la misma debilidad humana; así donde estuvo nuestra ruina obraste nuestra salvación, por Jesucristo, Señor nuestro.
Por él, adoran tu grandeza los ángeles que se alegran eternamente en tu presencia. Permítenos asociarnos a sus voces, cantando alegremente:
Prefacio IV
LA HISTORIA DE LA SALVACIÓN
En verdad es justo y necesario, es nuestro deber y salvación darte gracias siempre y en todo lugar, Señor, Padre santo, Dios todopoderoso y eterno, por Cristo, Señor nuestro.
Con su nacimiento restauró nuestra naturaleza, con su muerte destruyó nuestros pecados, al resucitar nos dio nueva vida y nos abrió las puertas del cielo cuando volvió junto a ti, Padre.
Por eso, unidos a los coros de los ángeles y los santos, cantamos sin cesar el himno de tu gloria:
Prefacio V
LA CREACIÓN
En verdad es justo y necesario, es nuestro deber y salvación darte gracias siempre y en todo lugar, Señor, Padre santo, Dios todopoderoso y eterno.
Tú creaste cuanto existe en el mundo y estableciste el curso y la variedad de los tiempos; formaste al hombre a tu imagen y sometiste a su poder las maravillas del universo, para que en nombre tuyo dominara la creación y te alabara constantemente por tu obras, por Cristo, Señor nuestro.
Por eso te alabamos con los ángeles y los arcángeles proclamando sin cesar con alegría:
Prefacio VI
EL ANTICIPO DE LA PASCUA ETERNA
En verdad es justo y necesario, es nuestro deber y salvación darte gracias siempre y en todo lugar, Señor, Padre santo, Dios todopoderoso y eterno.
En ti vivimos, nos movemos y existimos, y mientras peregrinamos en este mundo, no sólo experimentamos cada día las pruebas de tu amor, sino que poseemos desde ahora el anticipo de la eternidad. Así, habiendo recibido las primicias del Espíritu por quien resucitaste a Jesús de entre los muertos, esperamos gozar eternamente de la Pascua.
Por eso, te alabamos con todos los ángeles y proclamamos tu gloria con alegría. diciendo sin cesar:
Prefacio VII
LA SALVACIÓN, FRUTO DE LA OBEDIENCIA DE CRISTO
En verdad es justo y necesario, es nuestro deber y salvación darte gracias siempre y en todo lugar, Señor, Padre santo, Dios todopoderoso y eterno.
Tu amor por el mundo fue tan misericordioso que nos enviaste como Redentor a tu propio Hijo, y quisiste que él fuera en todo semejante al hombre, menos en el pecado, para amar en nosotros lo mismo que amabas en él; con su obediencia filial recuperamos tu dones que la desobediencia del pecado nos hizo perder.
Por eso, unidos a los coros de los ángeles y los santos Cantamos un himno a tu gloria, diciendo sin cesar:
Prefacio VIII
LA IGLESIA CONGREGADA A IMAGEN DE LA TRINIDAD
En verdad es justo y necesario, es nuestro deber y salvación darte gracias siempre y en todo lugar, Señor, Padre santo, Dios todopoderoso y eterno.
Tú has querido reunir de nuevo, por la Sangre de tu Hijo y la fuerza del Espíritu, a los hijos dispersos por el pecado; de este modo tu Iglesia, congregada por virtud y a imagen de la Trinidad, se muestra ante el mundo como Cuerpo de Cristo y Templo del Espíritu, para alabanza de tu infinita sabiduría.
Por eso, unidos a los coros de los ángeles, te alabamos llenos de alegría:
Prefacio IX
EL DIA DEL SEÑOR
En verdad es justo bendecirte y darte gracias, Padre santo, fuente de la verdad y de la vida, porque nos has convocado en tu casa en este día de fiesta.
Hoy, tu familia, reunida en la escucha de tu Palabra, y en la comunión del pan único y partido, celebra el memorial del Señor resucitado, mientras espera el domingo sin ocaso en el que la humanidad entrará en tu descanso. Entonces podremos contemplar tu rostro y alabar por siempre tu misericordia.
Con esta gozosa esperanza, y unidos a los ángeles y a los santos, cantamos unánimes el himno de tu gloria:
Prefacio X
LA ACCIÓN DEL ESPÍRITU SANTO EN LA IGLESIA
En verdad es justo y necesario, es nuestro deber y salvación darte gracias siempre y en todo lugar, Señor, Padre santo, Dios todopoderoso y eterno.
Tú nos concedes lo que más conviene en cada momento y diriges sabiamente a tu Iglesia asistiéndola siempre con la fuerza del Espíritu Santo; para que, con un corazón siempre dócil a tu voluntad, no abandone la plegaria en las dificultades ni la acción de gracias en las alegrías, por Cristo, Señor nuestro.
Por eso, unidos a los ángeles te alabamos, cantando con alegría:
PLEGARIA EUCARÍSTICA
PLEGARIA EUCARÍSTICA: Migajas
En verdad es justo y necesario, es nuestro deber y salvación darte gracias siempre y en todo lugar, Padre santo, Dios de infinita misericordia. Porque no rechazas al que te busca con corazón sincero, ni apartas de tu mesa a quien llama confiando en tu bondad.
Cuando la mujer cananea imploró tu ayuda, tu Hijo reveló que tu amor supera toda frontera y que la fe humilde abre el camino a tu gracia. Por eso, unidos a los ángeles y a los santos, cantamos sin cesar el himno de tu gloria:
SANTO
Padre de bondad, derrama tu Espíritu Santo sobre nosotros y sobre estos dones de pan y vino, para que se nos conviertan, en el Cuerpo † y la Sangre de Jesucristo, nuestro Señor. Que el mismo Espíritu transforme también nuestros corazones, para que aprendamos a reconocer que aun las migajas de tu misericordia son más abundantes que todas las riquezas del mundo.
† Porque Él mismo, La noche en que iba a ser entregado, tomó un pan, dando gracias lo partió y lo dio a sus discípulos diciendo lo partió y lo dio a sus discípulos, diciendo:
Tomen y coman todos de él, porque esto es mi Cuerpo, que será entregado por ustedes.
Del mismo modo, acabada la cena, tomó el cáliz, lo bendijo y dándote gracias nuevamente, lo pasó a sus discípulos, diciendo:
Tomen y beban todos de él, porque éste es el cáliz de mi Sangre, Sangre de la alianza nueva y eterna, que será derramada por ustedes y por muchos para el perdón de los pecados.
Hagan esto en conmemoración mía.
Este es el sacramento de nuestra fe
Anunciamos tu muerte, proclamamos tu resurrección, ven Señor, Jesús.
Padre Santo, al celebrar el memorial de la muerte y resurrección de tu Hijo, recordamos que quien parecía pedir una migaja recibió la plenitud de tu amor. Así también nosotros, que venimos a tu mesa como necesitados, te ofrecemos nuestra alabanza y nuestra vida, esperando solamente en tu misericordia.
Acuérdate, Señor, de tu Iglesia extendida por toda la tierra. Fortalece al Papa León, a nuestro Obispo Carlos, al colegio episcopal, a los presbíteros y los diáconos y a todos los que sirven a tu pueblo santo. Haz que tu Iglesia sea una casa abierta para todos los pueblos, una mesa donde nadie se sienta excluido y donde todos encuentren el pan de la esperanza.
Acuérdate también de nuestros hermanos difuntos y de cuantos han partido de este mundo en tu amistad. Admítelos a contemplar la luz de tu rostro. Y con la Santísima Virgen María, Madre de Dios, con san José, su esposo, los apóstoles, y con todos los santos y mártires que te agradaron desde el principio del mundo, concédenos participar de la herencia eterna y cantar para siempre tu gloria.
Plegaria Eucarística I: El misterio Pascual
En verdad es justo y necesario, es nuestro deber y salvación glorificarte siempre, Señor; pero más que nunca en en que Cristo, nuestra Pascua, ha sido inmolado.
Porque él es el verdadero Cordero que quitó el pecado del mundo; muriendo destruyó nuestra muerte, y resucitando restauró la vida.
Por eso, con esta efusión de gozo pascual, el mundo entero se desborda de alegría y también los coros celestiales, los ángeles y los arcángeles, cantan sin cesar el himno de tu gloria:
SANTO
[CC] Padre misericordioso, te pedimos humildemente por Jesucristo, tu Hijo, nuestro Señor, que aceptes y bendigas † estos dones, este sacrificio santo y puro que te ofrecemos, ante todo, por tu Iglesia santa y católica, para que le concedas la paz, la protejas, la congregues en la unidad y la gobiernes en el mundo entero, con tu servidor el Papa León, con nuestro Obispo Carlos, y todos los demás Obispos que, fieles a la verdad, promueven la fe católica y apostólica.
[C1] Acuérdate, Señor, de tus hijos y de todos los aquí reunidos, cuya fe y entrega bien conoces; por ellos y todos los suyos, por el perdón de sus pecados y la salvación que esperan, te ofrecemos, y ellos mismos te ofrecen, este sacrificio de alabanza, a ti, eterno Dios, vivo y verdadero.
[C2] Reunidos en comunión con toda la Iglesia, veneramos la memoria, ante todo, de la gloriosa siempre Virgen María, Madre de Jesucristo, nuestro Dios y Señor; la de su esposo, San José; la de los santos apóstoles y mártires Pedro y Pablo, Andrés, [Santiago y Juan, Tomás, Santiago y Felipe, Bartolomé, Mateo, Simón y Tadeo; Lino, Cleto, Clemente, Sixto, Cornelio, Cipriano, Lorenzo, Crisógono, Juan y Pablo, Cosme y Damián,] y la de todos los santos; por sus méritos y oraciones concédenos en todo tu protección.
[CP] Acepta, Señor, en tu bondad, esta ofrenda de tus siervos y de toda tu familia santa; ordena en tu paz nuestros días, líbranos de la condenación eterna y cuéntanos entre tus elegidos.
[CC] Bendice y santifica, oh Padre, esta ofrenda haciéndola perfecta, espiritual y digna de ti, de manera que sea para nosotros Cuerpo y Sangre de tu Hijo amado, Jesucristo, nuestro Señor.
El cual, la víspera de su Pasión, tomó pan en sus santas y venerables manos, y elevando los ojos al cielo, hacia ti, Dios Padre suyo todopoderoso, dando gracias te bendijo, lo partió y lo dio a sus discípulos diciendo:
Tomen y coman todos de él, porque esto es mi Cuerpo, que será entregado por ustedes.
Del mismo modo, acabada la cena, tomó este cáliz glorioso en sus santas y venerables manos; dando gracias te bendijo, y lo dio a sus discípulos, diciendo:
Tomen y beban todos de él, porque éste es el cáliz de mi Sangre, Sangre de la alianza nueva y eterna, que será derramada por ustedes y por muchos para el perdón de los pecados.
Hagan esto en conmemoración mía.
Éste es el Misterio de la fe.
Anunciamos tu muerte proclamamos tu resurrección. ¡Ven, Señor Jesús!
[CC] Por eso, Padre, nosotros, tus siervos, y todo tu pueblo santo, al celebrar este memorial de la muerte gloriosa de Jesucristo, tu Hijo, nuestro Señor, de su santa resurrección del lugar de los muertos y de su admirable ascensión a los cielos, te ofrecemos, Dios de gloria y majestad, de los mismos bienes que nos has dado, el sacrificio puro, inmaculado y santo; pan de vida eterna y cáliz de eterna salvación.
Mira con ojos de bondad esta ofrenda y acéptala, como aceptaste los dones del justo Abel, el sacrificio de Abrahán, nuestro padre en la fe, y la oblación pura de tu sumo sacerdote Melquisedec.
Te pedimos humildemente, Dios todopoderoso, que esta ofrenda sea llevada a tu presencia, hasta el altar del cielo, por manos tu ángel, para que cuantos recibimos el Cuerpo y la Sangre de tu Hijo, al participar aquí de este altar, seamos colmados de gracia y bendición.
[C3] Acuérdate también, Señor, de tus hijos que nos han precedido con el signo de la fe y duermen ya el sueño de la paz. A ellos, Señor, y a cuantos descansan en Cristo, concédeles el lugar del consuelo, de la luz y de la paz.
[C4] Y a nosotros, pecadores, siervos tuyos, que confiamos en tu infinita misericordia, admítenos en la asamblea de los santos apóstoles y mártires Juan el Bautista, Esteban, Matías y Bernabé, [Ignacio, Alejandro, Marcelino y Pedro, Felicitas y Perpetua, Águeda, Lucía, Inés, Cecilia y Anastasia], San Vicente Ferrer y de todos los santos; y acéptanos en su compañía, no por nuestros méritos, sino conforme a tu bondad. Por Cristo, Señor nuestro.
[CP] Por quien sigues creando todos los bienes, los santificas, los llenas de vida, los bendices y los repartes entre nosotros.
Plegaria Eucarística II
En verdad es justo y necesario, es nuestro deber y salvación darte gracias, Padre santo, siempre y en todo lugar, por Jesucristo, tu Hijo amado.
Por él, que es tu Palabra, hiciste todas las cosas; tú nos lo enviaste para que, hecho hombre por obra del Espíritu Santo y nacido de María, la Virgen, fuera nuestro Salvador y Redentor.
Él, en cumplimiento de tu voluntad, para destruir la muerte y manifestar la resurrección, extendió sus brazos en la cruz, y así adquirió para ti un pueblo santo.
Por eso, con los ángeles y los santos, proclamamos tu gloria, diciendo:
SANTO
[CP] Santo eres en verdad, Señor, fuente de toda santidad, por eso te suplicamos, que santifiques estos dones con la efusión de tu Espíritu, de manera que sean para nosotros Cuerpo y † Sangre de Jesucristo, nuestro Señor.
El cual, cuando iba a ser entregado a su Pasión, voluntariamente aceptada, tomó pan, dándote gracias, lo partió y se lo dio, diciendo:
Tomen y coman todos de él, porque esto es mi Cuerpo, que será entregado por ustedes.
Del mismo modo, acabada la cena, tomó el cáliz, y dandote gracias de neuvo lo pasó a sus discípulos, diciendo:
Tomen y beban todos de él, porque éste es el cáliz de mi Sangre, Sangre de la alianza nueva y eterna, que será derramada por ustedes y por muchos para el perdón de los pecados.
Hagan esto en conmemoración mía.
Este es el Sacramento de nuestra fe.
Anunciamos tu muerte proclamamos tu resurrección. ¡Ven, Señor Jesús!
[CC] Así, pues, Padre, al celebrar ahora el memorial de la muerte y resurrección de tu Hijo, te ofrecemos el Pan de Vida y el Cáliz de Salvación, y te damos gracias porque nos haces dignos de servirte en tu presencia.
Te pedimos humildemente que el Espíritu Santo congregue en la unidad a cuantos participamos del Cuerpo y Sangre de Cristo.
[C1] Acuérdate, Señor, de tu Iglesia extendida por toda la tierra; y reunida aquí en el domingo, día en que Cristo ha vencido a la muerte y nos ha hecho partícipes de su vida inmortal; y con el Papa León, con nuestro Obispo Carlos y todos los pastores que cuidan de tu pueblo, llévala a su perfección por la caridad.
[C2] Acuérdate también, de nuestros hermanos que se durmieron en la esperanza de la resurrección, y de todos los que han muerto en tu misericordia; admítelos a contemplar la luz de tu rostro. Ten misericordia de todos nosotros, y así, con María, la Virgen Madre de Dios, su esposo San José, los apóstoles, San Vicente Ferrer y cuantos vivieron en tu amistad a través de los tiempos, merezcamos, por tu Hijo Jesucristo, compartir la vida eterna y cantar tus alabanzas.
Plegaria Eucarística III
SANTO
[CP] Santo eres en verdad, Padre, y con razón te alaban todas tus criaturas, ya que por Jesucristo, tu Hijo, Señor nuestro, con la fuerza del Espíritu Santo, das vida y santificas todo, y congregas a tu pueblo sin cesar, para que ofrezca en tu honor un sacrificio sin mancha desde donde sale el sol hasta el ocaso.
[CC] Por eso, Padre, te suplicamos que santifiques por el mismo Espíritu estos dones que hemos separado para ti, de manera que se conviertan en el Cuerpo y † la Sangre de Jesucristo, Hijo tuyo y Señor nuestro, que nos mandó celebrar estos misterios.
Porque él mismo, la noche en que iba a ser entregado, tomó pan, y dando gracias te bendijo, lo partió y lo dio a sus discípulos, diciendo:
Tomen y coman todos de él, porque esto es mi Cuerpo, que será entregado por ustedes.
Del mismo modo, acabada la cena, tomó el cáliz,dando gracias te endijo, y lo pasó a sus discípulos, diciendo:
Tomen y beban todos de él, porque éste es el cáliz de mi Sangre, Sangre de la alianza nueva y eterna, que será derramada por ustedes y por muchos para el perdón de los pecados.
Hagan esto en conmemoración mía.
Este es el Sacramento de nuestra fe.
Anunciamos tu muerte proclamamos tu resurrección. ¡Ven, Señor Jesús!
[CC] Así, pues, Padre, al celebrar ahora el memorial de la pasión salvadora de tu Hijo, de su admirable resurrección y ascensión al cielo, mientras esperamos su venida gloriosa, te ofrecemos, en esta acción de gracias, el sacrificio vivo y santo.
Dirige tu mirada sobre la ofrenda de tu Iglesia, y reconoce en ella la Víctima por cuya inmolación quisiste devolvernos tu amistad, para que, fortalecidos con el Cuerpo y la Sangre de tu Hijo y llenos de su Espíritu Santo, formemos en Cristo un solo cuerpo y un solo espíritu.
[C1] Que él nos transforme en ofrenda permanente, para que gocemos de tu heredad junto con tus elegidos: con María, la Virgen Madre de Dios, su esposo san José, los apóstoles y los mártires, San Vicente Ferrer y todos los santos, por cuya intercesión confiamos obtener siempre tu ayuda.
[C2] Te pedimos, Padre, que esta Víctima de reconciliación traiga la paz y la salvación al mundo entero. Confirma en la fe y en la caridad a tu Iglesia, peregrina en la tierra: a tu servidor, el Papa León, a nuestro Obispo Carlos, al orden episcopal, a los presbíteros y diáconos, y a todo el pueblo redimido por ti. Atiende los deseos y súplicas de esta familia que has congregado en tu presencia.
Reúne en torno a ti, Padre misericordioso, a todos tus hijos dispersos por el mundo. A nuestros hermanos difuntos y a cuantos murieron en tu amistad recíbelos en tu reino, donde esperamos gozar todos juntos de la plenitud eterna de tu gloria, por Cristo, Señor nuestro, por quien concedes al mundo todos los bienes.
Plegaria Eucarística IV
[CP] En verdad es justo darte gracias, y deber nuestro glorificarte, Padre santo, porque tú eres el único Dios vivo y verdadero que existes desde siempre y vives para siempre, luz sobre toda luz. Porque tú sólo eres bueno y la fuente de la vida, hiciste todas las cosas para colmarlas de tus bendiciones y alegrar su multitud con la claridad de tu gloria.
Por eso, innumerables ángeles en tu presencia, contemplando la gloria de tu rostro, te sirven siempre y te glorifican sin cesar.
Y con ellos también nosotros, llenos de alegría, y por nuestra voz las demás criaturas, aclamamos tu nombre cantando:
SANTO
[CP] Te alabamos, Padre santo, porque eres grande y porque hiciste todas las cosas con sabiduría y amor. A imagen tuya creaste al hombre y le encomendaste el universo entero, para que, sirviéndote sólo a ti, su Creador, dominara todo lo creado.
Y cuando por desobediencia perdió tu amistad, no lo abandonaste al poder de la muerte, sino que, compadecido, tendiste la mano a todos, para que te encuentre el que te busca.
Reiteraste, además, tu alianza a los hombres; por los profetas los fuiste llevando con la esperanza de salvación.
Y tanto amaste al mundo, Padre santo, que, al cumplirse la plenitud de los tiempos, nos enviaste como salvador a tu único Hijo.
El cual se encarnó por obra del Espíritu Santo, nació de María, la Virgen, y así compartió en todo nuestra condición humana menos en el pecado; anunció la salvación a los pobres, la liberación a los oprimidos y a los afligidos el consuelo.
Para cumplir tus designios, él mismo se entregó a la muerte, y, resucitando, destruyó la muerte y nos dio nueva vida.
Y porque no vivamos ya para nosotros mismos, sino para él, que por nosotros murió y resucitó, envió, Padre, al Espíritu Santo como primicia para los creyentes, a fin de santificar todas las cosas, llevando a plenitud su obra en el mundo.
[CC] Por eso, Padre, te rogamos que este mismo Espíritu santifique estas ofrendas, para que se conviertan en el Cuerpo y † la Sangre de Jesucristo, nuestro Señor, y así celebremos el gran misterio que nos dejó como alianza eterna.
Porque él mismo, llegada la hora en que había de ser glorificado por ti, Padre santo, habiendo amado a los suyos que estaban en el mundo, los amó hasta el extremo. Y, mientras cenaba con sus discípulos, tomó pan, te bendijo, lo partió y se lo dio, diciendo:
Tomen y coman todos de él, porque esto es mi Cuerpo, que será entregado por ustedes.
Del mismo modo, tomó el cáliz lleno del fruto de la vid, te dio gracias y lo pasó a sus discípulos, diciendo:
Tomen y beban todos de él, porque éste es el cáliz de mi Sangre, Sangre de la alianza nueva y eterna, que será derramada por ustedes y por muchos para el perdón de los pecados.
Hagan esto en conmemoración mía.
Este es el Sacramento de nuestra fe.
Anunciamos tu muerte proclamamos tu resurrección. ¡Ven, Señor Jesús!
[CC] Por eso, Padre, al celebrar ahora el memorial de nuestra redención, recordamos la muerte de Cristo y su descenso al lugar de los muertos, proclamamos su resurrección y ascensión a tu derecha; y, mientras esperamos su venida gloriosa, te ofrecemos su Cuerpo y su Sangre, sacrificio agradable a ti y salvación para todo el mundo.
Dirige tu mirada sobre esta Víctima que tú mismo has preparado a tu Iglesia, y concede a cuantos compartimos este pan y este cáliz, que, congregados en un solo cuerpo por el Espíritu Santo, seamos en Cristo víctima viva para alabanza de tu gloria.
[C1] Y ahora, Señor, acuérdate de todos aquellos por quienes te ofrecemos este sacrificio: de tu servidor el Papa León, de nuestro Obispo Carlos, del orden episcopal y de los presbíteros y diáconos, de los oferentes y de los aquí reunidos, de todo tu pueblo santo y de aquellos que te buscan con sincero corazón.
[C2] Acuérdate también de los que murieron en la paz de Cristo y de todos los difuntos, cuya fe sólo tú conociste.
Padre de bondad, que todos tus hijos nos reunamos en la heredad de tu reino, con María, la Virgen Madre de Dios, con su esposo san José, con los apóstoles y los santos, San Vicente Ferrer; y allí, junto con toda la creación, libre ya del pecado y de la muerte, te glorifiquemos por Cristo, Señor nuestro. por quien concedes al mundo todos los bienes.
Plegaria Eucarística para diversas circunstancias I
[CP] En verdad es justo y necesario darte gracias y cantarte un himno de gloria y de alabanza, Seños, Padre de infinita bondad.
Porque has reunido por medio del Evangelio de tu Hijo a hombres de todo pueblo, lengua y nación, en una única Iglesia, y por ella, vivicada por la fuerza de tu Espíritu, no dejas de congregar a todos los hombres en la unidad.
Ella manifiesta la alianza de tu amor, ofrece incesantemente la gozosa esperanza del reino, y resplandece como signo de tu fidelidad que nos prometiste para siempre en Jesucristo, Señor nuestro.
Y por eso, con todas las potestades del cielo y con toda la Iglesia, te aclamamos en la tierra, diciendo a una sola voz:
SANTO
[CP] Santo eres en verdad y digno de gloria, Dios que amas a los hombres, que siempre estás con ellos en el camino de la vida. bendito es, en verdad, tu Hijo, que está siempre en medio de nosotros, cuando somos congregados por su amor, y como hizo en otros tiempo con sus discípulos, nos explica las Escrituras y parte para nosotros el pan.
[CC] Por eso te rogamos, Padre misericordioso, que envíes tu Espíritu Santo para que santifique estos dondes de pan y vino, de manera que se conviertan para nosotros en el Cuerpo y † la Sangre de Jesucristo, nuestro Señor.
El cual, la víspera de su Pasón, en la noche de la Última Cena, tomó pan, te bendijo, lo partió y lo dio a sus discípulos, diciendo:
Tomen y coman todos de él, porque esto es mi Cuerpo, que será entregado por ustedes.
Del mismo modo, acabada la cena, tomó el cáliz, te dio gracias y lo pasó a sus discípulos, diciendo:
Tomen y beban todos de él, porque éste es el cáliz de mi Sangre, Sangre de la alianza nueva y eterna, que será derramada por ustedes y por muchos para el perdón de los pecados.
Hagan esto en conmemoración mía.
Este es el Sacramento de nuestra fe.
Anunciamos tu muerte proclamamos tu resurrección. ¡Ven, Señor Jesús!
[CC] Por eso, Padre santo, al celebrar el memorial de Cristo, tu Hijo, nuestro Salvador, al que condujiste por su Pasión y muerte en cruz a la gloria de la resurrección, y lo sentaste a tu dereca, anunciamos la obra de tu amor, hata que él venga, te ofrecemos el pan de vida y el cáliz de bendición.
Mira con bondad la ofrenda de tu Iglesia, en la que se hace presente, el sacrificio pascual de Cristo, que se nos ha confiado, y concédenos, por la fuerza del Espíritu de tu amor, ser contados ahora y por siempre entre el número de los miembros de tu Hijos, cuyo Cuerpo y Sangre comulgamos.
[C1] Renueva, Señor, a tu iglesia con la luz del Evangelio. Consolida el vínculo de unidad entre los fieles y los pastores de tu pueblo, con nuestro Papa León, nuestro Obispo Carlos, y todo el orden episcopal, para que tu pueblo brille, en este mundo dividido por las discordias, como signo profético de unidad y de paz.
[C2] Acuérdate de nuestros hermanos, que se durmieron en la paz de Cristo, y de todos los difuntos, cuya fe sólo tú conociste: admítelos a contemplar la luz de tu rostro y dales la plenitud de la vida en la resurrección.
Y, terminada nuestra peregrinación por este mundo, concédenos, también, llegar a la morada eterna, donde viviremos siempre contigo, y con santa María, la Virgen Madre de Dios, con su esposo san José, con los apóstoles y los mártires, San Vicente Ferrer, y en comunión con todos los santos, te alabaremos y te glorificaremos por Jesucristo, Señor nuestro.
Plegaria Eucarística para diversas circunstancias II
[CP] En verdad es justo y necasrio es nuestro deber y salvación darte gracias siempre y en todo lugar, Señor, Padre santo, Creador del mundo y fuente de toda vida.
Porque no abandonas nunca la obra de tu sabiduría, sino que obras con tu providencia en medio de nosotros. Guiaste a tu pueblo Israel por el desierto con mano poderosa y brazo extendido; ahora acompañas a tu Iglesia, peregrina en el mundo, con la fuerza constante del Espíritu Santo y la conduces por el camino de la vida temporal hacia el gozo eterno de tu reino, por Cristo, Señor nuestro.
Por eso, también nosotros, con los ángeles y los santos cantamos el himno de tu gloria, diciendo sin cesar:
SANTO
[CP] Santo eres en verdad y digno de gloria, Dios que amas a los hombres, que siempre estás con ellos en el camino de la vida. Bendito es, en verdad, tu Hijo, que está presente en medio de nosotros, cuando somos congregados por su amor, y como hizo en otro iempo con sus discípulos, nos esplica las Escrituras y parte para nosotros el pan.
[CC] Por eso te rogamos, Padre misericordioso, que envíes tu Espíritu Santo para que santifique estos dones de pan y de vino, de manera que se conviertan para nosotros en el Cuerpo y † la Sangre de Jesucristo, nuestro Señor.
El cual, la víspera de su Pasión, en la noche de la Última Cena, tomo pan, te bendijo, lo partió y lo dio a sus discípulos, diciendo:
Tomen y coman todos de él, porque esto es mi Cuerpo, que será entregado por ustedes.
Del mismo modo, acabada la cena, tomó el cáliz, te dio gracias y lo pasó a sus discípulos, diciendo:
Tomen y beban todos de él, porque éste es el cáliz de mi Sangre, Sangre de la alianza nueva y eterna, que será derramada por ustedes y por muchos para el perdón de los pecados.
Hagan esto en conmemoración mía.
Este es el Sacramento de nuestra fe.
Anunciamos tu muerte proclamamos tu resurrección. ¡Ven, Señor Jesús!
[CC] Por eso, Padre santo, al celebrar el memorial de Cristo, tu Hijo, nuestro Salvador, al que condujiste por su Pasió y muerte en cruz a la gloria de la resurrección, y lo sentaste a tu derecha, anunciamos la obra de tu amor, hasta que él venga, y te ofrecemo el pan de vida y el cáliz de bendición.
Mira con bondad la ofrenda de tu Iglesia, en la que se hace presente, el sacrificio pascual de Cristo, que se nos ha confiado, y concédenos, por la fuerza del Espíritu de tu amor, ser contados ahora y por siempre entre el número de los miembros de tu Hijos, cuyo Cuerpo y Sangre comulgamos.
[C1] Fortalécenos en la unidad, Señor, a los que hemos sido invitados a tu mesa: para que con nuestro Papa León y nuestro Obispo Carlos, con todos los Obispos, presbíteros y diáconos, y todo tu pueblo, caminemos por tus sendas en la fe y la esperanza, y manifestemos al mundo la alegría y la confianza.
[C2] Acuérdate de nuestros hermanos, que se durmieron en la paz de Cristo, y de todos los difuntos, cuya fe sólo tú conociste: admítelos a contemplar la luz de tu rostro y dales la plenitud de la vida en la resurrección.
Y, terminada nuestra peregrinación por este mundo, concédenos, también, llegar a la morada eterna, donde viviremos siempre contigo, y con santa María, la Virgen Madre de Dios, con su esposo san José, con los apóstoles y los mártires, San Vicente Ferrer, y en comunión con todos los santos, te alabaremos y te glorificaremos por Jesucristo, Señor nuestro.
Plegaria Eucarística para diversas circunstancias III
[CP] En verdad es justo y necesario, es nuestro deber y salvación, darte gracias siempre y en todo lugar, Padre santo, Señor del cielo y de la tierra, por Cristo, Señor nuestro.
Porque creaste el mundo por medio de tu Palabra y lo gobiernas todo con justicia. Nos diste como mediador a tu Hijo, hecho carne, que nos comunicó tus palabras y nos llamó para que lo siguiéramos; él es el camino que nos conduce a ti,
la verdad que nos hace libres, la vida que nos colma de alegría.
Por medio de tu Hijo reúnes en una sola familia a los hombres, creados para gloria de tu nombre, redimidos por su sangre en la cruz y marcados con el sello del Espíritu.
Por eso, ahora y siempre, con todos los ángeles proclamamos tu gloria, aclamándote llenos de alegría:
SANTO
[CP] Por eso te rogamos, Padre misericordioso, que envíes tu Espíritu Santo para que santifique estos dones de pan y vino, de manera que se conviertan para nosotros en el Cuerpo y † la Sangre de Jesucristo, nuestro Señor.
El cual, la víspera de su Pasión, en la noche de la Última Cena, tomo pan, te bendijo, lo partió y lo dio a sus discípulos, diciendo:
Tomen y coman todos de él, porque esto es mi Cuerpo, que será entregado por ustedes.
Del mismo modo, acabada la cena, tomó el cáliz, te dio gracias y lo pasó a sus discípulos, diciendo:
Tomen y beban todos de él, porque éste es el cáliz de mi Sangre, Sangre de la alianza nueva y eterna, que será derramada por ustedes y por muchos para el perdón de los pecados.
Hagan esto en conmemoración mía.
Este es el Sacramento de nuestra fe.
Anunciamos tu muerte proclamamos tu resurrección. ¡Ven, Señor Jesús!
[CC] Por eso, Padre santo, al celebrar el memorial de Cristo, tu Hijo, nuestro Salvador, al que condujiste por su Pasión y muerte en cruz a la gloria de la resurrección, y lo sentaste a tu dereca, anunciamos la obra de tu amor, hata que él venga, te ofrecemos el pan de vida y el cáliz de bendición.
Mira con bondad la ofrenda de tu Iglesia, en la que se hace presente, el sacrificio pascual de Cristo, que se nos ha confiado, y concédenos, por la fuerza del Espíritu de tu amor, ser contados ahora y por siempre entre el número de los miembros de tu Hijos, cuyo Cuerpo y Sangre comulgamos.
[C1] Vivifícanos con tu Espíritu, Padre omnipotente, por la participación en estos misterios, y haz que nos configuremos a imagen de tu Hijo; consolídanos en el vínculo de la comunión con nuestro Papa León y , nuestro Obispo Carlos con los Obispos, presbíteros y diáconos, y todo tu pueblo.
Haz que los fieles de la Iglesia sepan discernir los signos de los tiempos a la luz de la fe y se consagren plenamente al servicio del Evangelio. Concédenos estar atentos a las necesidades de todos los hombres para que participando en sus penas y angustias, en sus alegrías y esperanzas, les anunciemos fielmente el camino de la salvación,
y con ellos avancemos en el camino de tu reino.
[C2] Acuérdate de nuestros hermanos, que se durmieron en la paz de Cristo, y de todos los difuntos, cuya fe sólo tú conociste: admítelos a contemplar la luz de tu rostro y dales la plenitud de la vida en la resurrección.
Y, terminada nuestra peregrinación por este mundo, concédenos, también, llegar a la morada eterna, donde viviremos siempre contigo, y con santa María, la Virgen Madre de Dios, con su esposo san José, con los apóstoles y los mártires, San Vicente Ferrer, y en comunión con todos los santos, te alabaremos y te glorificaremos por Jesucristo, Señor nuestro.
Plegaria Eucarística para diversas circunstancias IV
[CP] En verdad es justo y necesario, es nuestro deber y salvación, darte gracias siempre y en todo lugar, Padre misericordioso y Dios fiel:
Porque nos diste como Señor y redentor nuestro a tu Hijo Jesucristo.
Él siempre se mostró misericordioso con los pequeños y los pobres
con los enfermos y los pecadores, y se hizo cercano a los oprimidos y afligidos.
Él anunció al mundo, con palabras y obras, que tú eres Padre
y que cuidas de todos tus hijos.
Por eso, con los ángeles y todos los santos, te alabamos, te bendecimos, y cantamos sin cesar el himno de tu gloria:
SANTO
[CP] Santo eres en verdad y digno de gloria, Dios que amas a los hombres, que siempre estás con ellos en el camino de la vida. Bendito es, en verdad, tu Hijo, que está presente en medio de nosotros cuando somos congregados por su amor, y como hizo en otro tiempo con sus discípulos, nos explica las Escrituras y parte para nosotros el pan.
[CC] Por eso te rogamos, Padre misericordioso, que envíes tu Espíritu Santo para que santifique estos dones de pan y vino, de manera que se conviertan para nosotros en el Cuerpo y † la Sangre de Jesucristo, nuestro Señor.
El cual, la víspera de su Pasión, en la noche de la Última Cena, tomo pan, te bendijo, lo partió y lo dio a sus discípulos, diciendo:
Tomen y coman todos de él, porque esto es mi Cuerpo, que será entregado por ustedes.
Del mismo modo, acabada la cena, tomó el cáliz, te dio gracias y lo pasó a sus discípulos, diciendo:
Tomen y beban todos de él, porque éste es el cáliz de mi Sangre, Sangre de la alianza nueva y eterna, que será derramada por ustedes y por muchos para el perdón de los pecados.
Hagan esto en conmemoración mía.
Este es el Sacramento de nuestra fe.
Anunciamos tu muerte proclamamos tu resurrección. ¡Ven, Señor Jesús!
[CC] Por eso, Padre Santo, al celebrar el memorial de Cristo, tu Hijo, nuestro Salvador, al que condujiste por su Pasión y muerte en cruz, a la gloria de la resurrección y lo sentaste a tu derecha, anunciamos la obra de tu amor, hasta que él venga, y te ofrecemos el pan de vida y el cáliz de bendición.
Mira con bondad la ofrenda de tu Iglesia, en la que se hace presente el sacrificio pascual de Cristo que se nos ha confiado, y concédenos, por la fuerza del Espíritu de tu amor, ser contados ahora y por siempre entre en número de los miembros de tu Hijo, cuyo Cuerpo y Sangre comulgamos.
[C1] Lleva a tu Iglesia, Señor, a la perfección en la fe y en la caridad, con nuestro Papa León, nuestro Obispo Carlos, con todos los Obispos, presbíteros y diáconos, y todo el pueblo redimido por ti.
Abre nuestros ojos para que conozcamos las necesidades de los hermanos; inspíranoslas palabras y las obras para confortar a los que están cansados y agobiados; haz que podamos servirlos con sinceridad, siguiendo el ejemplo y el mandato de Cristo. Que tu Iglesia sea un vivo testimonio de verdad y libertad, de paz y justicia, para que todos los hombres se animen con una nueva esperanza.
[C2] Acuérdate de nuestros hermanos, que se durmieron en la paz de Cristo, y de todos los difuntos, cuya fe sólo tú conociste: admítelos a contemplar la luz de tu rostro y dales la plenitud de la vida en la resurrección.
Y, terminada nuestra peregrinación por este mundo, concédenos, también, llegar a la morada eterna, donde viviremos siempre contigo, y con santa María, la Virgen Madre de Dios, con su esposo san José, con los apóstoles y los mártires, San Vicente Ferrer, y en comunión con todos los santos, te alabaremos y te glorificaremos por Jesucristo, Señor nuestro.
Plegaria Eucarística misa con para Niños I
[CP] Dios y Padre nuestro, tú has querido que nos reunamos delante de ti
para celebrar una fiesta contigo, para alabarte y para decirte lo mucho que te admiramos.
Te alabamos por todas las cosas bellas que has hecho en el mundo y por la alegría que has dado a nuestros corazones.
Te alabamos por la luz del sol y por tu Palabra que ilumina nuestras vidas.
Te damos gracias por esta tierra tan hermosa que nos has dado, por los hombres que la habitan y por habernos hecho el regalo de la vida. De veras, Señor, tú nos amas, eres bueno y haces maravillas por nosotros. Por eso todos juntos te cantamos:
Llenos están el cielo y la tierra de tu gloria. Hosanna en el cielo.
Tú, Señor, te preocupas siempre de nosotros y de todos los hombres y no quieres estar lejos de ellos. Tú nos has enviado a Jesús, tu Hijo muy querido. Él vino para salvarnos, curó a los enfermos, perdonó a los pecadores. A todos les dijo que tú nos amas. Se hizo amigo de los niños y los bendecía. Por eso, Padre, te estamos agradecidos y te aclamamos:
Bendito el que viene en nombre del Señor. Hosanna en el cielo.
Pero no estamos solos para alabarte, Señor. La Iglesia entera, que es tu pueblo, extendida por toda la tierra, canta tus alabanzas. Nosotros nos unimos a su canto
con el santo Padre, el Papa León, nuestro Obispo Carlos, y sus obispos auxiliares. También en el cielo la Virgen María, los apóstoles y los santos, San Vicente Ferrer, te alaban sin cesar. Con ellos y con todos los ángeles te cantamos el himno de tu gloria:
Santo, Santo, Santo, es el Señor Dios del Universo. Hosanna en el cielo.
Padre santo, para mostrarte nuestro agradecimiento, hemos traído este pan y este vino; haz que, por la fuerza de tu Espíritu, sean para nosotros el Cuerpo y † la Sangre de Jesucristo, tu Hijo resucitado.
Así podremos ofrecerte, Padre santo, lo que tú mismo nos regalas.
Porque Jesús, un poco antes de su muerte, mientras cenaba con sus apóstoles, tomó pan de la mesa y, dándote gracias, te bendijo, lo partió y se lo dio, diciendo:
Tomen y coman todos de él, porque esto es mi Cuerpo, que será entregado por ustedes.
Del mismo modo, al terminar la cena, tomó el cáliz lleno de vino, y, dándote gracias de nuevo, lo pasó a sus amigos, diciendo:
Tomen y beban todos de él, porque éste es el cáliz de mi Sangre, Sangre de la alianza nueva y eterna, que será derramada por ustedes y por muchos para el perdón de los pecados.
Hagan esto en conmemoración mía.
Padre santo, lo que Jesús nos mandó que hiciéramos, ahora lo cumplimos en esta Eucaristía: te ofrecemos el pan de la vida y el cáliz de la salvación, proclamando así la muerte y resurrección de tu Hijo. Él es quien nos conduce hacia ti; acéptanos a nosotros juntamente con él.
Cristo murió por nosotros. Cristo ha resucitado. Cristo vendrá de nuevo. Te esperamos, Señor Jesús.
Padre, tú que tanto nos amas, deja que nos acerquemos a esta mesa santa para recibir el Cuerpo y la Sangre de tu Hijo, unidos como una sola familia en la alegría del Espíritu Santo.
A ti, Señor, que nunca olvidas a nadie, te pedimos por todas las personas que amamos y por todos lo los que han muerto en tu paz.
Acuérdate de todos los que sufren y viven tristes, de la gran familia de los cristianos y de cuantos viven en este mundo.
Al ver todo lo que tú haces por medio de tu Hijo Jesús, nos quedamos admirados y de nuevo te damos gracias y te bendecimos.
Plegaria Eucarística para misa con Niños II
[CP] En verdad, Padre muy querido, hoy estamos de fiesta: nuestro corazón está lleno de agradecimiento y con Jesús te cantamos nuestra alegría. Tú nos amas tanto, que has hecho para nosotros este mundo inmenso y maravilloso. Por eso te aclamamos:
¡Gloria a ti, Señor, porque nos amas!
Tú nos amas tanto, que nos das a tu Hijo, Jesús, para que Él nos acompañe hasta ti. Por eso te aclamamos:
¡Gloria a ti, Señor, porque nos amas!
Tú nos amas tanto, que nos reúnes con Jesús y nos haces una sola familia por el Espíritu Santo. Por eso te aclamamos:
¡Gloria a ti, Señor, porque nos amas!
Por ese amor tan grande, queremos darte gracias y cantarte con los ángeles y los santos que te adoran en el cielo:
SANTO
[CP] Bendito sea Jesús, tu enviado, el amigo de los niños y de los pobres. Él vino para enseñarnos cómo debemos amarte a ti, Padre nuestro, y amarnos los unos a los otros. Él vino para arrancar de nuestros corazones El pecado y el mal que nos impide ser amigos y el odio que no nos deja a ser felices. Él ha prometido que su Espíritu Santo estará siempre con nosotros para que vivamos como verdaderos hijos tuyos.
Bendito el que viene en el nombre del Señor. Hosanna en el cielo.
A ti, Dios y Padre nuestro, te pedimos que nos envíes tu Espíritu, para que estos dones pan y vino se conviertan en el Cuerpo y † la Sangre de Jesucristo, nuestro Señor.
El mismo Jesús, poco antes de morir, manifestó tu amor infinito. Cuando estaba sentado a la mesa con sus discípulos, tomó el pan, dijo una oración para darte gracias, lo partió y lo dio a sus discípulos, diciéndoles:
Tomen y coman todos de él, porque esto es mi Cuerpo, que será entregado por ustedes.
Después de la consagración del pan, todos dicen:
Señor Jesús, entregado por nosotros.
Después, tomó el cáliz lleno de vino y, dándote gracias de nuevo, lo pasó a sus discípulos, diciendo:
Tomen y beban todos de él, porque éste es el cáliz de mi Sangre, Sangre de la alianza nueva y eterna, que será derramada por ustedes y por muchos para el perdón de los pecados.
Después de la consagración del vino, todos dicen:
Señor Jesús, entregado por nosotros.
Y les dijo también: Hagan esto en conmemoración mía.
Este es el Sacramento de nuestra fe.
Cristo murió por nosotros. Cristo ha resucitado. Cristo vendrá de nuevo. Te esperamos, Señor Jesús.
Por eso, recordamos ahora la muerte y Resurrección de Jesús, el Salvador del mundo. Él se ha puesto en nuestras manos para que te lo ofrezcamos como sacrificio nuestro y junto con él nos ofrezcamos a ti.
¡Te alabamos, te bendecimos, te damos gracias!
[C1] Escúchanos, Señor Dios nuestro, y danos tu Espíritu de amor a todos los que participamos en esta comida, para que vivamos cada día más unidos en la Iglesia, con el santo Padre, el nuestro Papa León, nuestro Obispo Carlos, con los demás obispos, y todos los que trabajan por tu pueblo.
¡Que todos seamos una sola familia para gloria tuya!
No te olvides de las personas que amamos, de nuestros padres, hermanos y amigos, ni tampoco de todos aquellos a los que debiéramos querer más.
Acuérdate también de los que ya murieron y recíbelos con amor en tu casa.
¡Que todos seamos una sola familia para gloria tuya!
[C2] Y reúnenos un día contigo, Padre, con María, la Virgen, Madre de Dios y Madre nuestra, y su esposo San José, San Vicente Ferrer, para celebrar en tu reino la gran fiesta del cielo. Entonces, todos los amigos de Jesús, nuestro Señor, podremos cantarte eternamente.
¡Que todos seamos una sola familia para gloria tuya!
Plegaria Eucarística para misa con Niños III
[CP] Te damos gracias, Señor. Tú nos has creado para que vivamos para ti
y nos amemos los unos a los otros. Tú que quiere que nos miremos y dialoguemos como hermanos, de manera que podamos compartir las cosas buenas y también las difíciles.
Por eso, Padre, estamos contentos y te damos gracias. Nos unimos a todos los que creen en ti, y con los santos y los ángeles te cantamos con gozo:
SANTO
[CP] Señor, tú eres santo. Tú eres siempre bueno con nosotros y misericordioso con todos. Te damos gracias, sobre todo, por tu Hijo Jesucristo.
[CC] Él nos reúne ahora en torno a esta mesa, porque quiere que hagamos o mismo que él hizo en la última Cena, de manera que sean el Cuerpo y † la Sangre de tu Hijo Jesucristo.
Porque Jesús antes de morir por nosotros, mientras estaba cenando por última vez con sus discípulos, tomó el pan, te dio gracias, lo partió y se lo dio, diciendo:
Tomen y coman todos de él, porque esto es mi Cuerpo, que será entregado por ustedes.
Del mismo modo, tomó el cáliz lleno de vino, te dio gracias de nuevo y lo pasó a sus discípulos diciendo:
Tomen y beban todos de él, porque éste es el cáliz de mi Sangre, Sangre de la alianza nueva y eterna, que será derramada por ustedes y por muchos para el perdón de los pecados.
Hagan esto en conmemoración mía.
Este es el Sacramento de nuestra fe.
Anunciamos tu muerte proclamamos tu resurrección. ¡Ven, Señor Jesús!
Por eso, Padre santo, estamos reunidos delante de ti y recordamos llenos de alegría todo lo que Jesús hizo para salvarnos. En este santo sacrificio, que él mismo entregó a la Iglesia, celebramos su muerte, y su resurrección. Padre, que estás en el cielo, te pedimos que nos recibas a nosotros con tu Hijo querido. Él aceptó libremente la muerte por nosotros, pero tú lo resucitaste. Por eso, llenos de alegría, te cantamos:
Señor, tú eres bueno, te alabamos, te damos gracias.
Él vive ahora junto a ti y está también con nosotros.
Señor, tú eres bueno, te alabamos, te damos gracias.
Él vendrá lleno de gloria al fin del mundo y en su reino no habrá ya pobreza ni dolor, nadie estará triste, nadie tendrá que llorar.
Señor, tú eres bueno, te alabamos, te damos gracias.
Padre santo, tú nos has llamado a esta mesa, para que en la alegría del Espíritu Santo, comamos el Cuerpo de tu Hijo. Haz que este Pan de vida eterna nos dé fuerza y nos ayude a servirte cada día mejor. Acuérdate, Señor, del santo Padre, el nuestro Papa León, nuestro Obispo Carlos, y de sus obispos auxiliares, y de todos los Obispos.
Acuérdate también de nuestros hermanos que han muerto, admítelos a contemplar la luz de tu rostro; y concédenos que todos, un día, junto con Cristo, con María, la Madre de Jesús, San Vicente Ferrer, y todos los santos, vivamos contigo en el cielo para siempre.
Señor, tú eres bueno, te alabamos, te damos gracias.
Plegaria Eucarística para Reconciliación I
[CP] En verdad es justo y necesario
darte gracias siempre,
Señor, Padre santo, Dios todopoderoso y eterno:
Porque no dejas de alentarnos a tener una vida más plena, y, como eres rico en misericordia, ofreces siempre tu perdón e invitas a los pecadores a confiar sólo en tu indulgencia.
Nunca te has apartado de nosotros, que muchas veces hemos quebrantado tu alianza, y por Jesucristo tu Hijo, nuestro Redentor, tan estrechamente te has unido a la familia humana con un nuevo vínculo de amor, que ya nada lo podrá romper.
Y ahora, mientras le ofreces a tu pueblo un tiempo de gracia y reconciliación, alientas a esperar en Cristo Jesús a quien se convierte a ti y le concedes ponerse al servicio de todos los hombres, confiando mas plenamente en el Espíritu Santo.
Por eso, llenos de admiración, ensalzamos la fuerza de tu amor y proclamando la alegría de nuestra salvación, con todos los coros celestiales, cantemos sin cesar el himno de tu gloria:
SANTO
[CP] Santo eres en verdad, Señor, que desde el principio del mundo obras siempre para que el hombre sea santo, como tú mismo eres santo.
Te pedimos que mires los dones de tu pueblo, y derrames sobre ellos la fuerza de tu Espíritu para que se conviertan en el Cuerpo y † la Sangre de tu amado Hijo, Jesucristo, en quien nosotros también somos hijos tuyos.
Aunque en otro tiempo estábamos perdidos y éramos incapaces de acercarnos a ti, nos amaste hasta el extremo: tu Hijo, que es el único Justo, se entregó a sí mismo a la muerte, aceptando ser clavado en la cruz por nosotros.
Pero antes de que sus brazos, extendidos entre el cielo y la tierra trazasen el signo indeleble de tu alianza, él mismo quiso celebrar la Pascua con sus discípulos.
Mientras comía con ellos, tomó pan y dando gracias te bendijo, lo partió y se lo dio, diciendo:
Tomen y coman todos de él, porque esto es mi Cuerpo, que será entregado por ustedes.
Del mismo modo, acabada la cena, sabiendo que iba a reconciliar todas las cosas en sí mismo, por su sangre derramada en la cruz, tomó el cáliz, lleno del fruto de la vid, y, dándote gracias de nuevo, lo pasó a sus discípulos, diciendo:
Tomen y beban todos de él, porque éste es el cáliz de mi Sangre, Sangre de la alianza nueva y eterna, que será derramada por ustedes y por muchos para el perdón de los pecados.
Hagan esto en conmemoración mía.
Este es el Sacramento de nuestra fe.
Anunciamos tu muerte proclamamos tu resurrección. ¡Ven, Señor Jesús!
[CC] Así, al celebrar el memorial de tu Hijo Jesucristo, nuestra Pascua y nuestra paz verdadera, hacemos presente su muerte y resurrección de entre los muertos, y, mientras esperamos la venida gloriosa, te ofrecemos, Dios fiel y misericordioso, la víctima que reconcilia a los hombres contigo.
Mira bondadosamente, Padre, a quienes unes a ti por el sacrificio te tu Hijo, y concédeles, por la fuerza del Espíritu Santo, que, participando de un mismo pan y de un mismo cáliz, formen en Cristo un solo cuerpo, en el que no haya ninguna división.
[C1] Guárdanos siempre en comunión de fe y amor con nuestro Papa León, nuestro Obispo Carlos. Ayúdanos a esperar la venida de tu reino hasta la hora en que nos presentemos a ti, santos entre los santos del cielo, con María, la Virgen Madre de Dios, con los apóstoles, San Vicente Ferrer y con todos los santos, y con nuestros hermanos difuntos, que confiamos humildemente a tu misericordia.
Entonces, liberados por fin de toda corrupción y constituidos plenamente en nuevas criaturas, te cantaremos gozosos la acción de gracias de tu Ungido, que vive eternamente.
Plegaria Eucarística para Reconciliación II
[CP] En verdad es justo y necesario darte gracias y alabarte, Dios, Padre todopoderoso, por todo lo que haces en este mundo, por Jesucristo, Señor nuestro.
Pues en una humanidad dividida por las enemistades y las discordias, sabemos que tú diriges los ánimos para que se dispongan a la reconciliación.
Por tu Espíritu mueves los corazones de los hombres para que los enemigos vuelvan a la amistad, los adversarios se den la mano, los pueblos busquen la concordia.
Con tu acción eficaz consigues, Señor, que el amor venza al odio, la venganza deje paso a la indulgencia, y la discordia se convierta en amor mutuo.
Por eso, con los coros celestiales te damos gracias continuamente, y en la tierra proclamamos tu gloria diciendo sin cesar:
SANTO
A ti, pues, Padre omnipotente, te bendecimos por Jesucristo, tu Hijo, que ha venido en tu nombre. Él es la Palabra de salvación para los hombres, la mano que tiendes a los pecadores, el camino que nos conduce a tu paz.
Cuando nos habíamos apartado de ti por nuestros pecados, Señor, nos reconciliaste contigo, para que, convertidos a ti, nos amáramos unos a otros por tu Hijo, a quien entregaste a la muerte por nosotros.
Y ahora, celebrando la reconciliación que Cristo nos trajo, te suplicamos: por la efusión de tu Espíritu santifica estos dones para que se conviertan en el Cuerpo y † la Sangre de tu Hijo, que nos mandó celebrar estos misterios.
Porque él mismo, cuando iba a entregar su vida por nuestra liberación, sentado a la mesa, tomó pan en sus manos, y dando gracias te bendijo, lo partió y se lo dio a sus discípulos, diciendo:
Tomen y coman todos de él, porque esto es mi Cuerpo, que será entregado por ustedes.
Del mismo modo, aquella noche, tomó en sus manos el cáliz de la bendición y, proclamando tu misericordia, se lo dio a sus discípulos, diciendo:
Tomen y beban todos de él, porque éste es el cáliz de mi Sangre, Sangre de la alianza nueva y eterna, que será derramada por ustedes y por muchos para el perdón de los pecados.
Hagan esto en conmemoración mía.
Este es el Sacramento de nuestra fe.
Anunciamos tu muerte proclamamos tu resurrección. ¡Ven, Señor Jesús!
Así pues, al celebrar el memorial de la muerte y resurrección de tu Hijo, que nos dejó esta prenda de su amor, te ofrecemos lo que tú nos entregaste, el sacrificio de la reconciliación perfecta.
Te pedimos humildemente, Padre Santo, que nos aceptes también a nosotros, juntamente con tu Hijo, y en este banquete salvífico concédenos el mismo Espíritu, que haga desaparecer toda enemistad entre nosotros.
Que este Espíritu haga de tu Iglesia signo de unidad e instrumento de tu paz entre los hombres, y nos guarde en comunión con nuestro Papa León, nuestro Obispo Carlos, con los demás obispos y con todo tu pueblo.
Así como nos has congregado ahora, en torno a la mesa de tu Hijo, reúnenos con la gloriosa Virgen María, Madre de Dios, con tus apóstoles, San Vicente Ferrer y con todos los santos, con nuestros hermanos y con los hombres de toda raza y lengua, que murieron en tu amistad, en el banquete de la unidad eterna, en los cielos y en la tierra nueva, donde brilla la plenitud de tu paz, en Jesucristo, Señor nuestro.
Por Cristo, con Él y en Él, a ti, Dios Padre omnipotente, en la unidad del Espíritu Santo, todo honor y toda gloria por los siglos de los siglos.
Amén.
RITO DE COMUNIÓN
Antes de participar en el banquete de la Eucaristía, signo de reconciliación y vínculo de unión fraterna, oremos juntos como el Señor nos ha enseñado:
Padre nuestro,
que estás en el cielo,
santificado sea tu nombre,
venga a nosotros tu reino,
hágase tu voluntad
en la tierra como en el cielo.
Danos hoy nuestro pan de cada día;
perdona nuestras ofensas,
como también nosotros
perdonamos
a los que nos ofenden,
no nos dejes caer en la tentación,
y líbranos del mal.
Padre nuestro,
que estás en el cielo,
santificado sea tu nombre,
vénganos, venga tu reino,
y hágase tu voluntad
así en la tierra como en el cielo.
Danos hoy nuestro pan de cada día;
y perdona nuestras ofensas,
como nosotros perdonamos
a los que nos ofenden,
no nos dejes caer en tentación,
Padre nuestro, Padre nuestro
líbranos, de todo mal.
Líbranos de todos los males, Señor y concédenos la paz en nuestros días, para que, ayudados por tu misericordia, vivamos siempre libres de pecado y protegidos de toda perturbación, mientras esperamos la gloriosa venida de nuestro Salvador Jesucristo.
Tuyo es el reino, tuyo el poder y la gloria, por siempre, Señor.
Señor Jesucristo, que dijiste a tus apóstoles: "La paz les dejo, mi paz les doy", no tengas en cuenta nuestros pecados, sino la fe de tu Iglesia y, conforme a tu palabra, concédele la paz y la unidad. Tú que vives y reinas por los siglos de los siglos.
Amén.
La paz del Señor esté siempre con ustedes.
Y con tu espíritu.
Compartamos un cordial saludo de paz.
CORDERO
El Cuerpo y la Sangre de nuestro Señor Jesucristo, unidos en este cáliz, sean para nosotros alimento de vida eterna.
Señor Jesucristo, Hijo de Dios vivo, que por voluntad del Padre, cooperando el Espíritu Santo,diste con tu muerte la vida al mundo, líbrame, por la recepción de tu Cuerpo y de tu Sangre, de todas mis culpas y de todo mal.
Concédeme cumplir siempre tus mandamientos y jamás permitas que me separe de ti.
Éste es el Cordero de Dios, que quita el pecado del mundo. Dichosos los invitados a la cena del Señor.
Señor, no soy digno de que entres en mi casa, pero una Palabra tuya bastará para sanarme.
MOTIVACIÓN A LA ANTÍFONA DE COMUNIÓN
Antes de recibir a Jesús Eucaristía, digamos juntos la Antífona de la Comunión.
ANTÍFONA DE COMUNIÓN Sal 129, 7
Con el Señor viene la misericordia, y la abundancia de su redención.
Pueden sentarse
CANTO DE COMUNIÓN
REFLEXIÓN
Con la plena certeza de que es a Cristo a quien recibimos, digamos todos a una voz…
"Las migajas de tu mesa"
Señor Jesús,
hoy nos acercamos a ti como aquella mujer cananea,
sin derechos que reclamar,
sin méritos que presentar,
sin otra riqueza que nuestra necesidad.
Venimos con las manos vacías,
pero con el corazón lleno de confianza,
porque sabemos que tu misericordia
es más grande que nuestras miserias
y tu amor supera todas nuestras fronteras.
Ella dijo: "También los perritos comen
de las migajas que caen de la mesa de sus amos."
Y nosotros repetimos sus palabras,
porque muchas veces somos débiles en la fe,
inconstantes en el amor y pobres en la esperanza.
Pero una sola migaja de tu gracia nos fortalece,
una sola palabra tuya nos sana,
una sola mirada tuya transforma nuestra vida.
Hoy nos invitas a tu mesa, no para recoger migajas,
sino para alimentarnos con el Pan de los hijos,
el Pan vivo bajado del cielo,
tu propio Cuerpo entregado por nosotros.
Gracias, Señor,
porque donde nosotros veíamos rechazo,
tú revelaste acogida;
donde había distancia,
tú construiste comunión;
donde había una extranjera,
tú descubriste una gran fe.
Haz que nunca despreciemos a nadie,
que aprendamos a reconocer tu presencia
en los pequeños, los excluidos y los olvidados,
y que nuestra comunidad sea una mesa abierta
donde todos encuentren pan, consuelo y esperanza.
Cuando nos sintamos indignos,
recuérdanos que tu amor nos busca.
Cuando nos sintamos débiles,
recuérdanos que tu fuerza nos sostiene.
Y cuando tengamos hambre de ti,
llévanos siempre a la mesa de tu Reino,
donde ya no habrá migajas,
sino la abundancia eterna de tu vida y de tu amor.
Amén.
P. Crisanto
COMUNIÓN ESPIRITUAL
Yo quisiera Señor recibirte
con aquella pureza,
humildad y devoción
con que te recibió
tu Santísima Madre;
con el espíritu
y fervor de los santos.
AVISOS PARROQUIALES
Retiro de Escoge, para adultos solteros y, bien y mal casados. Del 18 al 20 de septiembre. Casa San José Obrero, Carola. Av. Central 401. Junto a la alcaldía Álvaro Obregón.
Inscripciones para los niños que se inician en la formación cristiana hacia la comunión y la confirmación.
La Escuela de pastoral te invita al curso básico para conocer y acercarnos más a nuestro Señor, incrementando nuestra fe y nuestro amor a la Iglesia.
Las clases se imparten los domingos de 9 a 11h en el salón parroquial.
Inicia el 6 de septiembre.
De pie
ORACIÓN DESPUÉS DE LA COMUNIÓN
Unidos a Cristo por este sacramento, suplicamos humildemente, Señor, tu misericordia, para que, hechos semejantes a él aquí en la tierra, merezcamos gozar de su compañía en el cielo. Él, que vive y reina por los siglos de los siglos.
Amén.
RITO DE CONCLUSIÓN
El Señor esté con ustedes
Y con tu espíritu
La bendición de Dios todopoderoso, Padre, Hijo † y Espíritu Santo, descienda sobre ustedes.
Amén
MOTIVACIÓN A LA SALIDA
Con la alegría que nos produce la salvación que nos ha otorgado Jesús, vayamos a luchar para que muchos más reciban esta bendición.
El Señor sea nuestra fuerza. Pueden ir en paz.
Demos gracias a Dios.
CANTO DE SALIDA